Son la una menos diez de la noche y algo más de media España duerme, unos de lado, otros boca abajo, boca arriba, abrazados, roncando, sin roncar, con pesadillas, con sueños ligeros, con una sonrisa en los labios por estar soñando con lo deseado, al final de una manera o de otra todos dormidos.

Dormidos como nuestras conciencias, nuestros pensamientos, nuestra verguenza, nuestra dignidad, nuestra moral. Dormimos por no saber defender lo que otros si supieron.

Castigaron sus cuerpos y sus almas por un sueño (que ironía ¿verdad?), defendieron lo que era justo, lo que era del pueblo, se enfrentaron a todos y contra todo, pensaron en su futuro y en el futuro de sus hijos, no les importó que mientras defendían lo suyo con palabras otros respondieran con palos, no les importó surcar las calles enarbolando las pancartas de sus ideas, no les importó que les trataran de locos, de suicidas, no les importó ser detenidos y que se les aplicara la ley de vagos y maleantes, nos les importó expresar sus ideas en público, en un tiempo en el que la libertad de expresión valía menos que una peseta en estos tiempos, no les importó luchar por lo que creían.

No les importó tener la televisión más grande, ni el coche más lujoso, ni un apartamento en la playa, ni vivir en una chalet con jardín, ni tener vacaciones cada año, ni....

Pero si les importó tener dignidad en sus trabajos, derechos sociales, pensiones aseguradas, contratos fijos, estabilidad laboral para criar a sus familias, horarios que permitieran mantener una buena relación trabajo y familia, en definitiva la tan ansiada por muchos calidad de vida.

Son poco más de la una y cuarto y algo más de media España duerme, unos de lado, otros boca abajo, boca arriba, abrazados, roncando, sin roncar, con pesadillas, con sueños ligeros, con una sonrisa en los labios por estar soñando con lo deseado, al final de una manera o de otra todos dormidos.